Una declaración de guerra contra Estados
Unidos, según el punto de vista palestino, habría sido la respuesta apropiada
para el anunció del presidente estadounidense Donald Trump, el pasado 6 de
diciembre, en el que reconoció a Jerusalén como capital de Israel.
Para los palestinos, las demostraciones
antiestadounidenses que se realizaron en algunos países árabes como Egipto,
Jordania, Túnez, Irak y Líbano, fueron un buen principio. Pero dichas protestas
han fallado en satisfacer el apetito de los palestinos, que esperaban que las
cabezas de los estados árabes y sus gobiernos tomaran medidas más drásticas
contra los Estados Unidos.
Y no es que los palestinos esperaran que
los ejércitos árabes e islámicos marcharan contra la Casa Blanca o bombardearan
Nueva York y Los Ángeles. Pero todo lo que obtuvieron de los líderes y los
gobiernos árabes e islámicos fueron demostraciones en las calles y
posicionamientos de condena. Y parece que los palestinos ya no esperan más de
sus hermanos árabes y musulmanes.
La sensación de abandono en el bando
palestino es grande: las calles de la Franja Occidental y Gaza se están
llenando de cánticos que acusan a los líderes árabes y musulmanes de
“traidores” y “marionetas” en las manos de Israel y los Estados Unidos.
Casi todos los palestinos entrevistados en
las protestas de los últimos días acerca del anuncio de Trump hablaron también
de la “cobardía” y “debilidad” de las cabezas de los estados árabes e
islámicos.
Bienvenidos a la mentalidad palestina,
donde un líder árabe que habla de paz con Israel es un traidor, mientras que
uno que habla de destruir Israel o lanzarle cohetes, como Saddam Hussein, es un
héroe.
El príncipe heredero saudí, Mohammed bin
Salman, de quien se rumora trabaja con la administración de Trump en un nuevo
plan para resolver el conflicto israelí-palestino, es visto por muchos
palestinos como un traidor y colaborador. Del mismo modo, el presidente egipcio
Abdel Fattah Sisi ha sido acusado por muchos palestinos de ser demasiado suave
con Israel y con los Estados Unidos, así como de estar coludido con Trump.
En el otro extremo, Hassan Nasrallah, el
secretario general del grupo proiraní Hezbolá, y que ha llamado a una nueva
intifada contra Israel, ha sido alabado como un héroe. Lo mismo que sus amos
iraníes.
Un grupo interreligioso de Bahrein que
visitó Israel con un mensaje de paz y reconciliación fue recibido por los
palestinos con furia. Los palestinos acusaron a la delegación bahreiní de
“promover la normalización con la entidad sionista”.
Cuando los palestinos se enteraron de que
los miembros del grupo bahreiní visitarían la Franja de Gaza, los esperaron con
huevos y zapatos para lanzárselos a su entrada. Los delegados bahreiníes
negaron que tuvieran planeado visitar Gaza, pero eso no evitó las condenas por
parte de los palestinos.
Haciendo eco de la molestia por la
“impotencia” árabe y su “débil” respuesta a Trump, el presidente de la
Autoridad Palestina Mahmud Abás dijo que los posicionamientos de los gobiernos
y líderes eran inadecuados en extremo. En un mensaje al Parlamento Árabe, Abás
expresó decepción porque los países árabes e islámicos no tomaron medidas
conjuntas en respuesta al anuncio de Trump.
Para Abás, las condenas solas son carentes
de significado. Como mínimo, dijo, los palestinos esperaban que los árabes y
musulmanes expulsaran a los embajadores estadounidenses de sus países, cerraran
las embajadas, cortaran sus relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, y
boicotearan a los representantes del gobierno norteamericano y a sus
delegaciones y sus productos.
“Rechazar o decir que la decisión de Trump
es nula es insuficiente”, agregó Abás. “Esperamos una serie de medidas y pasos
que puedan estar a la altura del evento”.
La reacción en las calles palestinas a la
“apatía” árabe e islámica nunca había sido tan fuerte, sobre todo después de la
reunión de los cancilleres de la Liga Árabe en El Cairo para discutir el
anuncio de Trump.
“Según veo, todos los árabes del mundo no
valen dos shekels”, comentó un palestino entrevistado en Ramallah. Otro
remarcó: “Ya no hay árabes ni musulmanes”. Un tercero dijo: “Me extraña que
todavía haya árabes que esperan algo bueno de la Liga Árabe. ¿Cuándo vamos a
despertar?”
“Cualquiera que espere que los cansados
regímenes árabes defiendan Jerusalén vive bajo una ilusión”, dijo el analista
político palestino Mohammed Isamail Yassin. Y agregó: “Lo único que uno puede
esperar de estos regímenes son más fallas. Los gobiernos árabes están muy
ocupados derramando la sangre de su propia gente”.
Mientras, parece que los palestinos están
molestos no sólo con los líderes árabes, sino también con su propio presidente,
Mahmud Abás. Una encuesta pública entre palestinos señaló esta semana que el
70% de los encuestados quieren que Abás renuncie. Hace tres meses, era el 67%
quien quería su renuncia. Esta última encuesta encontró que los palestinos
favorecen a líderes de línea más dura como la de líder de Al Fatah encarcelado,
Marwan Barghouti, o del líder de Hamás, Ismail Haniyeh.
Los palestinos están molestos con Abás
porque, entre otras cosas, creen que no es suficientemente firme con Israel.
Muchos quisieran ver a Abás cancelar los Acuerdos de Oslo y abiertamente
convocar a un levantamiento armado. También quisieran que dejara de coordinar
la seguridad con Israel. En un intento por complacer a la opinión pública
palestina, Abás y sus principales oficiales han reiniciado su retórica incendiaria
contra Israel y contra la administración Trump.
La decisión de boicotear este mes la visita
del vicepresidente de los Estados Unidos Mike Pence, se dio en el contexto de
mitigar la furia en las calles. Abás y su Autoridad Palestina han dejado también
muy en claro que ya no consideran a la administración Trump como un
intermediario “honesto” e “imparcial” en el proceso de paz con Israel. En
consecuencia, la Autoridad Palestina anunció que rechazará cualquier plan de
paz propuesto por el equipo de Trump, incluso si el plan consigue el apoyo de
países árabes como Arabia Saudita o Egipto.
Ahora la estrategia palestina es trabajar
duro en sabotear cualquier plan que venga de la administración Trump. Los
palestinos están convencidos de que el Príncipe heredero saudí, Mohammed bin
Salman y otros líderes árabes están cocinando una nueva conspiración a sus
espaldas, con el objetivo de liquidar la causa palestina para imponer una
solución que a ellos les resulte aceptable. Esto, por supuesto, no tiene nada
que ver con el anuncio de Trump sobre Jerusalén. Ha sido la postura de los
palestinos incluso desde antes de dicho anuncio, y es seguro que no va a
cambiar.
Los palestinos se han puesto a sí mismos en
una ruta de colisión no sólo con los Estados Unidos, sino también con el mundo
árabe. La pregunta ahora es: ¿Cómo van a responder los regímenes árabes a esta
última carga fraticida lanzada contra ellos por sus hermanos palestinos?
La frustración palestina contra los países árabes
15/Dic/2017
Enlace Judío México, Por Khaled Abu Toameh